SOBREVUELAN LAS GRULLAS EL ALTIPLANO DE TORRIJO


SOBREVUELAN LAS GRULLAS EL ALTIPLANO DE TORRIJO

 

Leyendo “El peor viaje del mundo” en un dispositivo electrónico, me parece que estoy abandonando el libro de papel ¿es posible?, mi amigo inseparable durante tantos años. Se me ocurrió escribir algo sobre las grullas; las estuve viendo…, persiguiendo, hace unas semanas. Atardecía…, el viento jugueteaba con mis cabellos. Presagiaba que la noche venia cargada de señales.

Numerosas nubes negras en le horizonte marcaban el camino de estas enormes aves que inician su viaje en el continente africano; descansan en humedales y territorios como en el que me encuentro ahora: el altiplano turolense del río Jiloca. Aquí viven durante unos meses. En la laguna de Gallocanta se cuentan por decenas de miles. Por la noche duermen sobre una sola pata para no dejarse sorprender. Luego continuaran su viaje hacia el norte de Europa. Lo hacen en formación asemejando a una uve, sin tan apenas batir sus alas, buscando las corrientes de aire. Su traquea les permite emitir sonidos de trompeta. Desde luego… se trata de unos pájaros llenos de ternura.

Las puedo ver sobre una tierra y un cielo helados. Alguna vez he podido estar cerca de ellas, pero en cuanto acortas la distancia levantan rápidamente el vuelo desconfiadas.

Estoy en soledad, perdido, en medio de la nada, camino torpemente entre los grandes surcos que los campesinos están abriendo estos días sobre la tierra helada.

Un paisaje limpio, sin solares llenos de escombros y automóviles calcinados, sin rebuscadores de  basura.

La vida en la planicie es lenta, se hace despacio, es algo que todavía no he podido aprender, es una de las asignaturas pendientes.

Estoy en una tierra olvidada, sin grandes recursos, sometida a la cólera del invierno. Atrás se quedaron los tonos otoñales. Ya no quedan hojas en los escasos árboles.

Necesito de estas horas tranquilas, silenciosas, después de varias noches escuchando a esos tertulianos guerracivilistas que solo hacen que provocar el odio ideológico y sin embargo niegan la lucha de clases. Vivimos tiempos convulsos; días grises y desesperanzados. Por eso… momentos como el de ahora te permiten sobrevivir.

Mi rostro está frío como la nieve. Me siento con mucho vigor y energía. Siempre que veo un horizonte tan nítido, además con el sol ya escondido, me viene el pensamiento de la  discutida utopía… ella está allí…, caminamos hacia ese perseguido e inalcanzable objetivo sin alcanzarlo, por eso nunca debemos abandonar el camino.

El frío golpea mi espalda y mis dedos se endurecen. Puedo ver una grulla volando en solitario, no suele ser algo habitual, sus condiciones físicas tienen que encontrarse bajo mínimos, puede estar enferma y desorientada.

Casi es noche cerrada. Mi soledad es total. Enseguida la temperatura bajará hasta varios grados bajo cero. Debo regresar…, voy en busca de una sopa caliente o un té muy azucarado.

Juan J. Maicas

  

Fotos movil 2013 014

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