HATI… HATI…


HATI… HATI…

 

En indonesio: Cuidado… Cuidado…

Cuando escribo estos párrafos los cuales pertenecen a mi último capitulo, puedo decir que soy un recién llegado, un feliz retornado. Evito fatigarme diseñando más descripciones. He desarrollado un relato de veinticinco folios a base de escribir disciplinadamente dos horas diarias, dedicados a esta pequeña aventura, ¿pequeña? Quizá estas palabras sirvan para clarificar algunos pasajes, o citar los omitidos, o… puede que sirvan para confundir más, no lo sé. Mis intenciones son buenas y mi ánimo excelente.

Allá voy. De todas las islas visitadas, Bali bien merece dedicarle algo de tiempo y no precisamente deben ser palabras positivas, los hombres se han encargado de que esto sea así. Esta isla, de las más pequeñas, es mágica y encantadora. Por su dedicación exclusiva… a tiempo completo hacia el turismo más empalagoso hace que cambien las cosas.

Todos son tópicos y playas de cartón piedra, bodas balinesas a cuatrocientos euros, discotecas imposibles, hermosas mujeres de largas melenas negras y lacias con aires golfos paseando por los límites de los resorts todo incluido ofreciendo masajes y minutos felices. Tampoco debemos olvidar a esos poligoneros tatuados asiduos de Ibiza.

Claro que todo esto pueden ser postales con falsas imágenes. El otro lado de la balanza se encuentra descrito a lo largo de los veinticinco folios citados antes.

La isla de Bali es hermosa, aunque es el único lugar en el que pude ver carteles desteñidos de la coca-cola, ello forma parte del decorado.

Deseo señalar algo…, hace un tiempo leí un texto de Rosa Montero que señalaba: “Algunas agencias de viaje al promocionar algún país exhiben cierto primitivismo como algo original cuando es autentica miseria y retraso”. ¡Qué cierto es!

Algunos turistas cursis y bullangueros, al volver de viaje de novios de alguno de estos paisajes falsos se creen “ciudadanos del mundo”, estúpidos.

Me reafirmo: Indonesia son cien países, múltiples culturas, etnias, idiomas, olores y colores. Duros paisajes volcánicos, resbaladizos senderos, tibios amaneceres y mucho, mucho… arroz con ese pajarraco insulso al que le llaman pollo.

Obstinadas e intensas lluvias, y el sol cayendo implacable sobre las calcinadas laderas de los cráteres volcánicos.

Vidas monótonas y anodinas  en las monstruosas ciudades como Yakarta, llena de cables voladizos enmarañando el cielo.

Nunca podremos encontrar hombres altos y musculosos, ni mujeres de gran envergadura, la gente es fibrosa y diminuta.

Mi viaje se componía de dos objetivos principales: conocer el mundo, el hábitat de los orangutanes, único en el mundo, y vivir durante varios días en la tierra de los toraja, ese pueblo de hombres y mujeres con sus búfalos, conviviendo con la muerte, ellos nunca mueren, son cómplices de la parca.

Indonesia tiene que aprender a poner freno a la alta contaminación, al despilfarro de agua, a controlar su desarrollo turístico. ¿Qué es eso de vender islas para construir macarrónicos complejos turísticos? No olvidemos tampoco la persistente deforestación, la tala indiscriminada de maderas nobles. Ay…y  esa incurable y galopante corrupción que perpetua la pobreza endémica.

Atrás han quedado los atentados terroristas islámicos que hirieron de muerte al país, el treinta por ciento de los indonesios se quedo desempleado, los turistas huyeron. No olvidemos tampoco el desastre natural en forma de tsunami que arrasó la parte más septentrional de la desconocida y enigmática Sumatra.

Sin duda alguna Indonesia me emociona. Me ensimismaba ver bajar la bruma por las faldas de los volcanes, admiraba la forma de caminar de los campesinos por esos caminos resbaladizos con sus pies descalzos. Me sorprendía con los ancianos de rostros profusamente arrugados tejiendo o secando los granos de café o cacao. Y que decir de sus enigmáticas danzas, sus ceremonias, sus templos, su espiritualidad.

Guardo fielmente en mi memoria una imagen. Mis pálidos ojos ocultos tras las gafas de sol pudieron ver a un anciano con su mirada ausente, vestido tan solo con un pareo, tenía el aspecto de un desenterrado.

Dormía en una casa-barco toraja. Soñaba con unas niñas excesivamente maquilladas portando las fotos de sus familiares muertos, las conocí por la mañana, me sonreían mientras las fotografiaba. Sus allegados acababan de sacrificar a una docena de búfalos, varios cerdos y caballos, una verdadera matanza, una orgía de sangre. Yo correteaba por el inmenso charco de sangre y barro para no perderme detalle. No me reconocía.

Caminé durante días por selvas impenetrables, llenas de agua, por sugerentes arrozales aterrazados. Atravesé aldeas silenciosas llenas de gallos y letrinas al aire libre. Me cruce con campesinos encorvados y niños perfectamente uniformados andando durante horas para acudir a la escuela más cercana.

Compartí una puesta sol con los bugi, ese fue otro momento relevante, en el lago Tempe. Una anciana me preparó té y un cuenco rebosante de plátanos fritos en su flotante y modesta casa de bambú situada en el centro del lago, mientras el sol  se retiraba. Entonces la lámina de agua se convierte en un espejo y todo queda reflejado en él, esperando la oscuridad. Un lugar desconocido para mí, estoy tan lejos de mi civilización.

Mi mochila huele a ropa sucia. A mi cuaderno se le acaban las hojas en blanco. Hace días que extraño el chocolate negro y la tortilla de patata, por ese orden.

He visto cosas que pueden impresionar hasta el viajero más endurecido.

Estoy contento con lo escrito, he dejado aflorar todas las emociones que me ha aportado este viaje.

Mis ojos nunca podrán estar enfermos, ni vagar por el infinito, tampoco mi mente.

Todavía tengo una casa a la que volver y alguna esperanza de la que colgarme. Vuelvo embriagado de sentidos.

Quizá haya dejado de pertenecer a esa raza de inadaptados que se dedican a vagar por el mundo a su libre albedrío.

Ya llego a mi ciudad, el calor me aplasta…, siempre veo esos bloques de viviendas con cierto aire carcelario. De algunas ventanas cuelgan excesos patrióticos.

Juan J. Maicas

Más en: http//:www.viajeros.com/ropavieja

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5 pensamientos en “HATI… HATI…

    • Hola! ¿Le importaría si comparto tu blog con mi
      Twitter grupo? Hay un montón de gente que creo que realmente disfrutar de su contenido. Por favor, hágamelo saber. ¡gracias

      No puedes incluirlo, es un escrito sobre el viaje a Indonesia. Podéis visitarlo siempre que queráis. El agradecimiento es tuyo
      por visitarnos.

  1. Hola! ¿Le importaría si comparto tu blog con mi
    Twitter grupo? Hay un montón de gente que creo que realmente disfrutar de su contenido. Por favor, hágamelo saber. ¡gracias

    Por supuesto que no nos importaría que comparta información, para nosotros es un blog de viajeros y para cualquier tipo de viajero interesado, incluso el que viaja desde el sofá de su casa con la lectura o ilusión de las fotos que nosotros realizamos.
    Reciba un saludo.
    Isabel Plumed en representación de Trotamundos Aragoneses

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