Viaje a Persia


VIAJE A PERSIA

 

TEHERÁN

 

Faltan cinco días para que acabe el año 2011, un año para olvidar; económicamente hablando, la crisis hace estragos.

En estos mismos momentos me encuentro en el aeropuerto de Estambul realizando un trasbordo que me llevará a Teherán. Un viaje esperado. Tenía que ser ahora o nunca. Según muchas previsiones, Irán será el siguiente país en ser invadido por los EE UU; en algún lugar deben emplear la maquinaria  militar recién desalojada de la guerra de Irak. Ojalá me equivoque, y los iraníes nunca tengan que conocer el infierno.

Cuando aterrice en la capital iraní habré estado más de veinticuatro horas viajando.

Irán, una de las más antiguas civilizaciones. Un país compuesto por mesetas, llanuras y desiertos, y donde la arquitectura del adobe, un sistema de construcción que me embriaga, aquí reina en toda su plenitud.

Un país repleto de iglesias, mausoleos y mezquitas. Un lugar donde los terremotos son muy frecuentes y destructivos; los ladrillos de arcilla no resisten los temblores.

Más de sesenta y cinco millones de habitantes habitan en él. Tres millones de éstos son refugiados provenientes principalmente de Irak y Afganistán, países en continuas contiendas bélicas. Hablan en farsi, un idioma parecido al árabe. Un viaje con mucha magia donde reina la poesía.

Existen tres productos que todo el mundo relaciona con Irán, por ser los mejores del mundo: los pistachos, el caviar producido en el mar Caspio y como no las alfombras persas, excitantes obras de arte, un artesano puede estar varios años fabricando una de ellas, en cada metro cuadrado puede haber hasta más de un millón de nudos, y su costo es incalculable.

La población es mayoritariamente chiíta y se rige por la Sharia, la ley islámica, esto tiene una consecuencia positiva, quizás la única: los índices delictivos son muy bajos. Bajo esta ley, una mujer puede ser lapidada simplemente por que alguien la haya acusado de cometer adulterio. Muchos derechos les son negados a las féminas, y todas, siempre deben ir cubiertas con el chador. Hay algo importante, la cortesía y la hospitalidad para con los extranjeros es extraordinaria.

Nunca había tenido la oportunidad de conocer Estambul desde las alturas, desde la ventanilla del avión puedo ver como el Cuerno de Oro, penetra en la ciudad, y como sus puentes muy animados a esta hora, unen el continente asiático y el europeo.

Hace mucho frío. Ya salgo del aeropuerto de Teherán para dirigirme al hotel. Nunca me acostumbraré, los trámites del visado, los controles me dejan exhausto, además si se trata de una nación como Irán, sus aduaneros son verdaderos especialistas en hacer la vida imposible a los viajeros. Para visitarlo es obligatorio contar con la invitación de un ciudadano iraní, de un hotel o algún organismo turístico. Todas las mujeres, independientemente de su credo, en el momento que pisan suelo iraní deberán cubrir su cabeza con un pañuelo y ya nunca se lo podrán quitar, salvo cuando estén en la intimidad de su habitación. Y solo cito dos particularidades que chocan frontalmente con mi forma de ver la vida.

Apenas si duermo tres horas. Mi mañana va a estar algo movidita. Las montañas nevadas Elburz dominan la ciudad. Me encamino hacia la parte más alta de la ciudad, hacía las faldas de la cadena montañosa. La nieve va aumentando su espesura, la mañana es gélida, el paisaje blanco, la alfombra blanca sobre las zonas verdes me agrada sobremanera.

El intenso tráfico que debo soportar para ir de un museo a otro me desalienta, me aturde. Consigo visitar el conjunto de dieciocho palacios y que fue antigua residencia del Sha; también algún que otro museo dedicados a diferentes objetos valiosos, como las alfombras persas. Me sorprende el Palacio Verde, rodeado de parques y jardines, con enormes árboles desnudos, cubiertos por los copos invernales. El clima de Irán es extremo, puede ir de los 42º grados en verano a los -16º en el invierno.

Después de comer, de degustar la gastronomía iraní, me introduzco en le bazar, el lugar con más vida y bullicio de la urbe. Diez kilómetros de pasajes, andenes, pasillos, tiendas…, se necesitarían varias horas para recorrerlo y sin dejar de tomar pausas para beber un té en algún acogedor rincón. Casas de baño, mezquitas, escuelas, caravasares… He leído en algún lugar que existe un curioso  museo: el de la Reversión y la Advertencia…, me quedo pensando…

Es complicado caminar por la ciudad, se necesita alguna habilidad y mucha suerte para no ser atropellado, esto es común para este tipo de ciudades. En los autobuses urbanos, los hombres deben ir delante y las mujeres atrás, separados… En los últimos años el turismo ha bajado muchísimo, la situación política no aconseja viajar a Irán. En su momento la Revolución Islámica y la guerra con Irak  aminoró la industria turística.

Trece millones de personas intentan convivir en Teherán, resisten las decisiones autoritarias del régimen teocrático. Sin embargo el pueblo judío no tiene demasiados problemas para convivir en un sistema totalmente adverso, también debo decir que en los últimos años han emigrado muchos, coincidiendo con el aumento de la enemistad con Israel. Los armenios, de creencia cristiana, son minoría, al igual que los kurdos, de origen nómada; precisamente de estas tribus nació el imperio Persa.

Me encuentro en una gran avenida, estoy observando encandilado como baja el agua a gran velocidad a causa de la gran pendiente que existe en la calle, ésta proviene del deshielo que se produce en la nieve acumulada en las zonas más altas de la ciudad. Como avanza el día hacia las horas centrales, la temperatura va aumentando. Un hombre se me acerca y me ofrece con una sonrisa parte de su granada, este es un fruto muy admirado por los iraníes; me comenta que la contaminación disminuiría mucho si encarecieran la gasolina, ahora es muy barata y los ciudadanos usan su vehículo de forma irresponsable, van a todos lugares con él, y tan solo viaja una persona en cada uno.

Irán es un gran productor de petróleo y gas, y claro… puede mantener esos precios tan bajos, pero el medio ambiente sale perdiendo.

Los precios de la comida son parecidos a España, pero me comentan que a partir de ahora, conforme penetre en zonas más hacia el interior, más rurales, estos bajaran.

A la noche me doy un paseo hasta que comienzan a cerrar los negocios. Tengo la sana intención de dormir intensamente esta larga noche, pero una maldita coca cola que tomé en la tarde me produce un inesperado insomnio y me paso gran parte del tiempo mirando el techo de mi habitación. Las montañas que consigo ver desde mi dormitorio están blancas, más que ayer; hace frío… Decido ir al museo arqueológico, y otro sobre alfombras, soy capaz de soportarlos; muy cerca existe un gran parque, dedico una hora a pasear por él, veo muchas parejas de novios, entre ellos solo pueden hablar, son tocarse, sin besarse en público, si lo hicieran sería considerado un atentado a la moral pública.

Ha llegado la hora de comer, hasta ahora solo he probado comida iraní: salsa de berenjena con alubias, granada, arroz, pollo con salsa elaborada con diez tipos diferentes de verdura y trocitos de carne. Después un té, aquí no se come postre, lo tomo en un bar distinto, diferente a lo que suele abundar en el país, éste se encuentra cerca de la universidad, y claro, lo frecuentan sobre todo estudiantes, también algunos bohemios e intelectuales, está decorado de forma alternativa, como se puede ver en España en parecidos lugares. Los camareros y dueños del local me ofrecen todo tipo de señales sobre su condición  homosexual.

 

SHIRAZ

 

Me encuentro en el aeropuerto de vuelos domésticos, voy a tomar un avión a Shiraz; esta ciudad cuenta con más de un millón de habitantes. Muchas la consideran como una de las urbes más bellas del mundo. Muy cultural y bastante habitable. Antes de la revolución se le consideraba la ciudad del vino y las mujeres, ahora… ni música moderna se puede escuchar, como en el resto del país; la moral islámica no lo permite.

Shiraz es considerada como la capital cultural del país. Se encuentra a 1540 metros sobre el nivel del mar, al pie del monte Akbar. Toda ella está rodeada de naranjos, la llaman la ciudad de los poetas y las flores.

El avión recorre los mil kilómetros que la separan de la capital en poco más de una hora. Resulta algo cómico ver a las azafatas con un pañuelo sobre la cabeza, el cual porta los colores de la compañía Irán Air.

Enseguida me hospedo en un hotel bastante céntrico junto al bazar. Algunos iraníes me miran e incluso se atreven a preguntarme con una sonrisa a qué país pertenezco.

Por las comidas que voy haciendo veo que utilizan mucho más las hierbas que las especias, todo lo contrario a los árabes. Claros signos de distinción, que además suelen remarcar, para dejarlo bien claro. Pero como ya dije anteriormente, aquí conviven pacíficamente las comunidades judías, cristianas y musulmanas.

En las habitaciones de los hoteles existe una alfombrilla y un Corán para cumplir con los rituales religiosos diarios; en el techo de las habitaciónes hay pegada una flecha que indica la dirección donde se encuentra la Meca, el orante debe colocarse en esa posición. A consecuencia de las sanciones económicas impuestas por los EEUU, la moneda iraní ha perdido mucho valor, está desvalorizada, por lo que al cambiar euros te dan un abultado fajo de billetes iraníes, las monedas han perdido ya su uso por su escaso valor.

Los muros de Shiraz, sus paredes… están llenas de murales pintados y de graffitis; las calles las mantienen engalanadas con banderas negras, pancartas…, esto es común a todas las localidades del país. Se celebran los doscientos años de la muerte del nieto de Mahoma a manos de los Omeya, originarios de Siria.

Hoy es viernes, festivo para los musulmanes, los comercios están cerrados, así que el bazar no lo voy  a poder ver en todo su esplendor, en contra, todos los monumentos y lugares de interés que visito están más animados por ciudadanos de toda condición.

Las jornada me resulta positiva, primero visito la madraza de Khan, la tumba de Hafer y Saadi, el poeta Hafer es muy leído y venerado, su obra se estudia en la universidad, la tumba siempre está rodeada de jóvenes. Llego hasta la Puerta del Corán, una obra moderna, con un porte fuera de sí. No puedo dejar de ver la mezquita Nasirol Molk, ya de tarde me acerco hasta el santuario de Ali Ebn e Hamzeh.

Es algo raro en mí, solo hago que alimentarme de comida del país, al principio me cuesta pero luego termino saboreándola. Todavía me queda tiempo de hacer un par de cosas más, una… el jardín botánico, está atardeciendo y la luz es la idónea para hacer fotos. Un grupo de chicas realizan dibujos sentadas en el suelo, copian todo lo que ven a su alrededor, hablando con ellas me comentan que estudian arquitectura, sonríen sin parar y hacen comentarios entre ellas. En estos países el lenguaje de las miradas suplanta al de las palabras, Resulta muy difícil hablar con una mujer. Últimamente no es fácil ver extranjeros paseándose por su extenso país. La otra cosa que deseo es tomar un té en algún lugar tranquilo, un descanso para calentar mi cuerpo y buscar el relajo; parece que no puede haber un lugar más apetecible y a la vez extraño; estoy ante un edificio de barro y adobe, de forma abstracta, irregular, dos torreones se dirigen hacia el cielo, la base del edificio es un estanque con enormes piedras de río, en su fachada hay incrustadas grandes piezas de metal soldadas entre sí, simulando la maquinaria de algún objeto infernal, maquiavélico, estoy convencido… es una fortaleza medieval sacada de un cuento fantástico. Se compone de varias plantas, según lo que desees comer o beber debes dirigirte a una u otra, todas con distinto ambiente y decoración. Pedí un té con una gran porción de tarta de chocolate, no resulta nada fácil poder hacer tu pedido, la carta y todas las rotulaciones están escritas en caligrafía persa, así como los precios. Al principio todo parece estar tranquilo, pero no debemos olvidar que es viernes y festivo, enseguida se comienzan a llenar las mesas de familias y grupos de jóvenes adolescentes. Se acercan a mi mesa a preguntar sobre mi procedencia y a hablarme de fútbol, siempre son chicos, jamás en esta reprimida sociedad lo haría una chica, podría convertirse en un incidente. Ya no cabe nadie más, me había puesto a escribir pero me resulta imposible concentrarme.

Tanto en los hoteles como en los servicios públicos existe una manguera para limpiarse el trasero con agua, esto es común a todos los países árabes, también aquí, en lo que se supone debería haber una taza, hay una placa lisa, al estilo turco, se debe evacuar en cuclillas, no existe otra mejor.

El consumo y la venta de alcohol están prohibidos, estás prácticas están fuertemente sancionadas. Sin embargo, como siempre sucede, existe la forma de burlar  las prohibiciones. El mercado negro está ahí para quien quiera y pueda pagar los altos precios por una lata de cerveza o una botella de licor. El alcohol lo pasan temerarios  traficantes desde Turquía; mulas cargadas hasta lo imposible cruzando las montañas fronterizas. Mañana es Nochevieja y me gustaría beber al menos una cerveza, pero me parece que resultará un objetivo difícil de cumplir.

En Irán existe una modalidad de matrimonio única en el mundo, se trata de una unión temporal, un periodo limitado, pactado por los contrayentes. Hay muchos argumentos para defender lo que acabo de decir; uno de ellos es que así se facilita el acceso al sexo para algunos hombres que tienen dificultades para ello. La prostitución es ilegal, y se puede llegar a castigar hasta con la muerte. Otro argumento es que de esta forma, una pareja puede probar su compatibilidad antes de pasar a un matrimonio definitivo. Pero parece que este tipo de parejas ya no se dan mucho, ya que las mujeres que participan en este tipo de uniones luego encuentran problemas para buscar una pareja definitiva, a los hombres no les agrada ser los segundos.

Se está haciendo ya la hora de cerrar los ojos. Mañana me espera un largo viaje por carretera, con muchas sorpresas por el camino.

Antes de dormirme me vienen a la memoria varios recuerdos que no debo dejar de apuntar aquí, en mi cuaderno. En una de las visitas de esta mañana, me encontré con una pequeña mezquita, parecía fuera de uso, sus vidrieras de colores eran todo un espectáculo, justo en ese momento se encontraba el sol enfrente de las mismas, y el interior se había convertido en un calidoscopio; una docena de jóvenes estudiantes se revolcaban por las alfombras en posiciones imposibles, buscando ángulos aún más imposibles, fotografiando todos los rincones, iluminados con luces venidas del más allá. Hay otra cosa que deseo destacar, la decoración del interior de la cafetería vanguardista no envidiaba nada a la originalidad de su exterior. En el hueco formado por la escalera discurría un tubo que tomaba la forma de un intestino gigante, planchas de cinc y aluminio soldadas entre sí le daban forma. Y ya la última…, estoy pensando… ya puedo imaginar como pasan el opio que se produce en Afganistán y con el que se financia la guerra de los talibanes y occidente. Debo decir que la mayor parte del territorio afgano es un inmenso cultivo de amapolas. Si el alcohol es transportado en mulas a través de las montañas, el regreso no lo van a hacer de vacío, las alforjas pueden ir cargadas de esa flor alucinógena, una vez sometidos al riesgo que más da traficar con dos productos, en vez de uno solo.

 

PERSÉPOLIS- YADZ

 

Persépolis significa “ciudad persa”. Un lugar para destacar, sin menospreciar al resto claro. Aquí se encuentra el museo más antiguo del país; mucha historia acumulada. El legado de los persas es inmenso. Tras un escaso desayuno emprendo viaje por carretera hacia la ciudad de Yazd, a cuatrocientos kilómetros. Todo el día metido entre cuatro latas, salvo la parada para conocer Persépolis, ruinas que se extienden por un extenso terreno. Las carreteras están en un buen estado y sin excesivo tráfico. El itinerario que realizo transcurre por zonas desérticas, con cadenas montañosas en el horizonte. Atravieso pequeños pueblos dedicados al pastoreo y puedo ver a grupos de hombres en cuclillas jugando al ajedrez. Aquí está el Irán rural y profundo. Hago una parada para admirar el ciprés más antiguo del mundo, calculan que nació hace más de cuatro mil años.

La palabra karavasar proviene del farsi, el idioma de los persas, y se refiere a los edificios de adobe dedicados al refugio y descanso de los nómadas, de las caravanas entregadas al comercio, estos se encuentran situados principalmente en las distintas Rutas de la Seda. Hablando de nómadas, existe una pequeña ciudad: Ilam, fronteriza con Irak, es un lugar inhóspito, donde casi nunca llega nadie, ni siquiera los caminos, allí el clima es rudo, pero es una buena zona geográfica para conocer las tribus nómadas.

Los Guardianes de la Revolución toman nota de todos los nombres del grupo en el que me encuentro, después de una llamada de teléfono. Todos los transportes públicos deben llevar un GPS facilitado por la policía de tráfico para conocer en todo momento la situación del vehículo y la velocidad de éste; versión iraní del Gran Hermano.

En los muros y casas que voy atravesando cuelgan banderas y pancartas, casi todas son negras, llevan inscritos lemas religiosos. También puedo ver vallas publicitarias con los barbudos, los máximos lideres del régimen teocrático, ellos están siempre por encima del poder político. Son los hombres incuestionables, nunca osarás contradecirlos.

Desde luego…, en muchas facetas es un país único; Anclado en el pasado, aferrándose a los tiempos feudales ya felizmente superados en medio mundo.

Los restos de la ciudad de Persépolis fueron declarados Patrimonio de la Humanidad. Construida durante el mandato de Dario, fue capital de los aqueménidas. Puedo conocerla de cerca y casi en total soledad, no hay visitantes, no hay viajeros. Restos de los palacios, columnas, capiteles, estelas funerarias, templos… Algo me sorprende de veras, no lo esperaba, me refiero a las tumbas escavadas, gravadas en una montaña rocosa, en sus paredes verticales, en la falla Naghs-e Rostam, cerca de aquí se hallan los ruinas de la antigua ciudad de Pasargard. El museo que cité anteriormente se encuentra de reformas.

Doce horas después de partir llego a Yadz, tan solo me queda tiempo de buscar un lugar para cenar y pasar el Año Nuevo de aquellas maneras. Existe un albergue de mochileros en un ambiente caliente y festivo, allí me encuentro a algunos viajeros anglosajones y unos cuantos iraníes. El lugar es original, se trata de una gran nave con un techo entoldado, mesas, sofás, alfombras y cojines por todos los rincones, y un pequeño estanque en el centro, también hay un ordenador conectado a Internet, pero muy solicitado. Mi teléfono móvil se muestra inservible en estas latitudes, por lo que estoy aislado por completo. El paso de Noche Vieja resulta muy tranquilo, unas cuantas pasas de uva y después un brindis con un desconocido licor, sin alcohol por supuesto. Pocos minutos después estoy en mi cama, todavía faltan dos horas y media para que en España se organice la despedida del año por todo lo alto.

Mañana me toca conocer Yazd, la ciudad del desierto, la arquitectura de adobe, la ciudad de tierra… Mi habitación es grande y está caliente, afuera el frío del desierto muerde, es intenso. La noche ha dejado las calles vacías, ya no hay vida. Antes de quedarme dormido puedo leer algo sobre el Now Ruz, el Año Nuevo iraní. Se celebra el primer día de la primavera, en una mesa se colocan distintos objetos: dos peces de color rojo, lentejas, un espejo, una moneda, luego se besa cada uno de ellos; comen pistachos…, las mujeres cambian su chador negro por velos de colores, la fiesta puede llegar a durar hasta trece días. Cuando son las doce en España y ya están cruzando el umbral del 2012, yo todavía estoy despierto. Aún no me había percatado, el exterior del hotel se asemeja a un monasterio, solo falta el ciprés en mitad del patio-claustro.

Vengo observando que algunas mujeres manifiestan su disconformidad con el sistema de los ayatolás, casi siempre son jóvenes, su pañuelo o velo lo dejan caer hacia atrás para enseñar sus cabellos teñidos de rubio que contrasta con sus ojos negros y tez morena. Muchas van maquilladas, a veces excesivamente, algo muy mal visto por los guardianes de las formas y la moral. Lo normal es vestir con ropas oscuras y holgadas, en ningún caso se pueden intuir las formas femeninas.

Hoy es primero de enero, de 2012, para los agoreros y especialistas en inducir al miedo, será un año trágico en lo económico.

Me encuentro sobre tierras yermas, construcciones de adobe, cúpulas de arcilla. Dedico gran parte de la mañana en recorrer los lugares más emblemáticos de la ciudad. Hace siglos, la ciudad era la última parada de las caravanas antes de adentrarse por los peligros de la sed, el sol y los bandoleros del desierto. Mantienen un ingenioso sistema de refrigeración para los tórridos meses del verano, cuando se dan días de altísimas temperaturas. Sin embargo ahora llevo tres prendas de abrigo sobre mi cuerpo; se trata de un original sistema de canales de agua subterránea que se refrigera a través de unas columnas, las llamadas Torres del Viento. Marco Polo llamó a esta urbe, la ciudad noble. Llego al templo de Zoroastro, de éste nace la antigua religión de la población persa antes de la llegada del Islam, el credo de Zaratustra.

Yazd es una de las ciudades más antiguas de Irán. Mantiene una animada vida social. Un lugar curioso que no hay que dejar de visitar son las Torres del Silencio, los cadáveres se exponían en lo más alto de las mismas, a merced de los buitres, se trata de una tradición musulmana, más tarde hablare de ellas. Los pequeños barrios con sus estrechas callejuelas me atraen, aquí el rey es el adobe, el barro y la paja. Solo hay que perderse en ellas para emocionarse y llenarse de sentimientos. En el verano suelen extender toldos para evitar la insolación.

Todavía queda algo de tiempo, recorro unos pocos pasillos y calles del bazar. En el centro existen hasta diecinueve mercados de este carácter. Ya de noche acudo a un espectáculo de difícil clasificación, solo se puede ver en Irán, se trata de un deporte arcaico que se desarrolla en la Casa de Fuerza, mezclan varias disciplinas a la vez: actividad física, habilidad, religión, filosofía, compañerismo; unos quince hombres, la mayoría jóvenes, de cierta fortaleza física realizan rituales comunes a una tabla de gimnasia, acompañándose a veces de diversos aparatos que les permite mostrar su habilidad y fuerza, terminan girando como si de derviches se tratara, uno de ellos desde una tribuna toca un tambor mientras canta lemas y salmos, es un verdadero especialista con la percusión. El olor a sudor impregna fuertemente el cerrado ambiente. Justo debajo del escenario se encuentra un gigantesco aljibe de agua, en la antigüedad la ciudad se nutria desde este depósito.

Ya está haciendo mucho frío, me vuelvo al hotel. La gente se muestra simpática, algunos sonríen al cruzarte con ellos; los más atrevidos te solicitan hacerse una foto. Todas las ciudades, todo el país está sembrado de unos postes con una hucha, en la misma una inscripción solicita que deposites algo de dinero para la ayuda a los mutilados de guerra, en la contienda contra Irak murieron ochocientos mil iraníes, por lo que me dicen también se emplea el dinero recaudado en casar a las niñas huérfanas; pero los ciudadanos desconfían, no ven transparencia en el reparto de ese dinero, por lo han dejado de introducir monedas en esos miles y miles de recipientes.

Ahora sí, voy a escribir sobre las Torres del Silencio, citadas anteriormente. Estos enterramientos aéreos se estuvieron practicando hasta principios del siglo XX y fueron prohibidos por cuestiones sanitarias; los buitres devoraban el cuerpo del fallecido, luego trituraban los huesos con piedras, de esta manera no quedaba absolutamente nada del cuerpo. El fallecido viajaba al “más allá” de forma rápida, transportado por estas aves carroñeras. Estas prácticas también se realizaron en el Tibet y en la tribu de los pieles rojas en el norte de América.

 

ISFAHAN

 

El día comienza viajando hacia Isfahan, en el norte. Hago una primera parada en un antiguo caravasar, en pleno desierto, un lugar de descanso para las caravanas que recorrían la Ruta de la Seda, alcanzo avistar algún camello en la lejanía, me comentan que son muy asustadizos.

La siguiente parada es la ciudad de Naín, se trata de visitar la mezquita del Viernes, una de las tres más antiguas del mundo, construida por los omeyas. Pero… veo algo que me deja estupefacto, resulta difícil describirla, fue una antigua fortaleza, toda construida en adobe, la erosión la ha ido transformando en algo surrealista, sus tres niveles no han sufrido el mismo desgaste, la erosión ha trabajado de distinta forma, y lo que queda de ella resulta complicado definirlo, parece la grandiosa obra de un arquitecto loco, la plasmación a lo real de un mal sueño, la verdad que me atrae, pienso que en la noche, bajo el reino de las sombras esta construcción debe intimidar.

Pero hay más sorpresas, Naín es el pueblo natal de Morti, el guía que me acompaña, éste me invita a comer en su casa, ya deseaba conocer una casa iraní por dentro. Morti es una persona especial, su cultura es desbordante. Cuando me enseña la biblioteca en su dormitorio pude comprender muchas de las cosas que ya intuía. Lo más sorprendente es que es un gran enamorado de España, habla castellano perfectamente, canta flamenco en un grupo y en español, claro… su región preferida es Andalucía, y… ¡todavía no conoce España!

Continuo el viaje hacía Isfahán, la antigua capital de Irán, declarada Patrimonio de la Humanidad por su arquitectura y riqueza monumental. Cuenta con más de 1.300.000 habitantes y está a más de 1.570 metros sobre el nivel del mar. Su plaza central es grandiosa, un verdadero espectáculo, durante la guerra con Irak cayó una bomba en el bazar vecino matando a muchas personas. Esta ciudad alberga la catedral cristiana armenia más importante del mundo. El Minarete Basculante del que escribiré más tarde no hay que perdérselo.

El viaje continúa  por interminables rectas que atraviesan el desierto, de cuando en cuando aparecen en el horizonte montañas nevadas, como si de un espejismo se tratara.

Aún me queda algo de tiempo antes de ir a dormir. Decido acercarme hasta el río que atraviesa la ciudad, allí existen dos puentes de gran belleza, el Kahju y el de los Treinta y Tres Arcos, ya es noche cerrada, estos se encuentran iluminados, los dos son peatonales y el tráfico de personas que los cruzan es intenso. Yo hago lo propio, en las dos direcciones. De camino al hotel doy un paseo por la plaza Imán que ya cité antes, está considerada como la segunda más grande del mundo, de forma rectangular, contiene jardines y fuentes de agua, en sus soportales se agrupan decenas de tiendas dedicadas a la artesanía y la venta de alfombras. La misma alberga dos mezquitas y varios palacios, algunos restaurados o en proceso de recuperarlos. En verano, los viernes, la plaza se llena de ciudadanos para pasar el día de picnic descansando entre sus árboles y jardines.

El día comienza visitando el Minarete Vibrante, junto con la plaza son los lugares más frecuentados, se trata de una tumba, sobre el edificio se proyectan dos torres que vibran, alguien mueve desde su interior una de ellas, y el otro minarete se mueve al unísono. Y sin más me voy a conocer la catedral armenia de Vank; Isfahán alberga una comunidad de esta etnia, tan perseguida en otros países.

El Gran Bazar, los palacios de Alí Gapú, Chechel Sotún y Hasth Behesth, todos estos lugares me ocupan todo el día, sus monumentos se agolpan por docenas, Sin duda alguna esta urbe puede llevarte varios días. La comida la hago en un restaurante, el cual está considerado como el más antiguo de la ciudad, siempre está completo, por eso hay que reservar con anterioridad.

No debo dejar pasar la visita a la Cueva de Alí Babá, se trata de una tienda-casa dedicada a la venta de alfombras. El libro de Ana Maria Briongos relata sus experiencias vividas durante la época en la que vivió en este lugar, albergada por sus propietarios. El libro lo terminé justo antes de iniciar el viaje. Mantuve una conversación con Reza, el propietario me cuenta algunas anécdotas sobre la autora del libro; también tuve la ocasión de conocerla en una conferencia en Zaragoza años atrás.

El día acaba tomando un té en un viejo local cercano a la gigantesca plaza, la tetería está llena de objetos antiguos que ha ido coleccionando su dueño.

El cansancio va acumulándose; son las seis de la tarde, decido refugiarme en mi habitación. Mañana debo iniciar mi regreso por carretera hasta Teherán y realizar varias paradas, principalmente en un par de ciudades.

Irán es la gran desconocida, creo que todavía deberá pasar algún tiempo para abrirse al turismo masificado. Todo dependerá de cómo se desarrollen los acontecimientos políticos en el futuro más cercano. En estos mismos momentos varios países occidentales mantienen sanciones económicas y el embargo a la producción petrolífera, debido a esto la moneda iraní se desvaloriza cada día y se agrava así su economía. Desconocemos las consecuencias, ignoramos el devenir de los acontecimientos. En mi opinión existe algo que no podrá alargarse en los años…, el sometimiento de la población bajo semejantes leyes religiosas; normas de siglos pasados, incomprensibles hoy en día. El hartazgo de los ciudadanos es evidente, admito que puedo equivocarme.

Cuatro de enero, continuo en Isfahán, ayer no pude entrar en las mezquitas situadas en la plaza Imán, las habían cerrado antes de su hora. Así que allá que voy. Se trata de un par de recintos religiosos distintos entre sí, verdaderas obras de arte, sus cúpulas, las cerámicas, los azulejos, los bajo relieves cubren sus muros. El frío es intenso, el agua de los estanques que se encuentran en los patios está convertida en hielo. Morti, de forma espontánea, comienza a cantar, a todo pulmón, es algo religioso, el eco se reproduce hasta dieciocho veces bajo las cúpulas centrales, son las más grandes construidas en el mundo islámico, no hay nadie cercano a nosotros.

Isfahán colma plenamente la imagen previamente concebida para cualquier viajero por muy exigente que sea. Los colores, los olores, el movimiento de la gente e incluso la resonancia de los sonidos es distinta. Caminar por sus calles es como viajar en el tiempo, hacía la Edad Media.

 

 

 

 

KASHAN  –  NATANZ

 

Comienzo a devorar kilómetros, a dejar tras de mí montañas, desiertos, arbustos, gasolineras, controles de tráfico y montones de lugares que me han emocionado, pero los recuerdos…, ay… los recuerdos… esos se vienen conmigo.

Parapetado en el asiento del vehículo que me transporta escribo sobre las páginas de mi cuaderno, intentando transcribir los sentimientos y emociones que se van quedando conmigo, pero soy consciente de que es una tarea imposible, nunca podré traspasar al cien por cien mi interior a las palabras escritas. El lector deberá poner algo de su parte e intentar viajar con su imaginación más allá de estas letras garabateadas.

Como decía más arriba, hago una primera parada en Natanz, situada en el desierto de Kavir, con un fondo de montañas, ahora completamente nevadas y que abastecen de agua a la ciudad, también hacen de barrera natural, esto permite que las temperaturas sean más suaves en verano. Penetro en la mezquita del Viernes. En todos los monumentos, recintos religiosos, museos, jardines… se debe pagar una entrada, esto es así en todo el país. El precio no es alto, pero poco a poco la cantidad monetaria se está haciendo considerable.

En muchos pueblos cuelgan fotografías de sus mártires, nacidos en esa localidad y que murieron en el enfrentamiento armado contra Irak. La segunda parada antes de llegar a Teherán es en Kashan, también se encuentra junto al desierto, esta localidad siempre ha sido muy afectada por los terremotos, sus edificios de adobe, algunos de gran belleza no resisten los movimientos telúricos. Aquí hay que visitar el jardín de Finn, o del rey, el agua fluye por canales de mármol que discurren por suntuosos pabellones esmaltados. Toco el agua creyendo que estaría fría, pero me equivoco, me parece templada. El lugar cuenta con varios hammam en desuso. Una curiosidad que debo anotar, los iraníes antes de sorber el té se colocan un pequeño terrón de azúcar entre los labios, para pasar a graves de él el caliente líquido. Ya estoy entrando en la capital, el atasco de vehículos es para batir records, ahora es una hora punta, pasamos mucho tiempo parados por completo; escuchando flamenco cantado por Morti. Pero estoy tranquilo tan solo son las siete de la tarde y hasta las tres y media de la madrugada no sale mi avión de regreso. Alcanzo a ver una gran mezquita al lado de la carretera, me dicen que ahí se encuentra la tumba de Jomeini: el padre de la revolución islámica. Y otra cosa… esto me parece surrealista, en una gran plaza existe una estatua dedicada a un ilustre iraní: el inventor del alcohol, un líquido prohibido y perseguido.

El país está sembrado de escuelas coránicas, de madrazas, de mulás y ayatolás. Miles de fervorosos estudiantes acuden a estos lugares de estudio filosóficos, sobre la historia de las religiones. En la decoración predomina el negro, los lemas advierten del demonio occidental, no debemos olvidarlo: estamos en una República Islámica, y la religión no solo es un culto, unos ritos… es un estilo de vida; las normas y las leyes emanan desde arriba marcan los pasos a seguir desde que te levantas hasta que te acuestas, y si alguien es sorprendido al margen de ellas, la Sharia caerá sobre él de forma implacable.

Claro que no todo es uniforme, del mismo color, están esos ciudadanos que compran parabólicas para ver la televisión vía satélite, colocan estas antenas de forma clandestina, cuando la policía descubre alguna, la desmonta y se la lleva, pero enseguida es sustituida por otra comprada en el mercado negro. Esos ciudadanos también utilizan Internet como una herramienta de cambio.

Mientras escribo esta líneas, mi avión ya se está moviendo por la pista, en unos minutos sobrevolaré Teherán, una ciudad loca, con ganas de avanzar y parecerse a otras ciudades libres y modernas.

 

 

 

Juan J. Maicas

 

 

 

 

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