Relatos Bulgaria 3


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Diario de Bulgaria 3: Un vistazo al Mar Negro‏

Socio Trotas chema serrano montero

 

 

Enviado:

sábado, 30 de octubre de 2010
16:59:49

 

 

La fina lluvia se fue
transformando poco a poco, casi sin darnos cuenta, en fina nieve. Nuestro autobús
iba subiendo las montanas, rodeados de bosques dorados y amarillos, que se
fueron volviendo blanquecinos según la altitud iba transformando la lluvia en
nieve. Cuando llegamos a lo alto del puerto y el autobús paro para que tomáramos
café, el paisaje se había vuelto completamente navideño. Bajando el puerto, el
dorado se fue haciendo dueño de los bosques de nuevo.

Llevaba más de 24 horas
lloviendo, no demasiado, era una especie de frío chirimiri, pero era suficiente
para limitar nuestra visita a Veliko Tarnovo. Era un día de los que apetece
estar en casita, delante de una chimenea leyendo un libro. Pero estábamos allí
y había que aprovechar el tiempo, o sea que nos dedicamos a pasear por la
ciudad antigua, con sus calles empedradas y casitas bajas con aleros que se
tocaban unos con otros y balcones de madera llenos de plantas y de ropa puesta
a secar. El humo de las chimeneas llenaba las calles con olor a madera quemada.
De vez en cuando entrábamos a algún bar a tomar algo y descansar de la lluvia.

Al día siguiente nos fuimos a
Burgas, una ciudad de la costa del Mar Negro y que ha sido nuestro campo base
durante dos días, para ir a visitar poblaciones cercanas.
Fue al atravesar las montanas en dirección sureste de Veliko donde nos
encontramos las montanas nevadas. Esa misma noche estaríamos pisando la arena
de la playa, eso si, pertrechados con gorro, bufanda y guantes, pues soplaba un
viento glacial. Al menos había dejado de llover.

Al principio Burgas nos pareció
una ciudad sin demasiado encanto, muy industrial, con las grúas del puerto y
los grandes depósitos de combustible dominando el horizonte. Pero una vez
instalados, empezamos a pasear por sus calles y descubrimos su vida cotidiana.
Calles comerciales peatonales repletas de tiendas de ropas de marca, cafeterías,
restaurantes, mucha gente muy guapa y vestida de marca, y con edificios de
estilo neoclásico pintados de llamativos colores. Entre sus plazas podíamos
encontrar iglesias ortodoxas, centros comerciales y hoteles de lujo. Se estaba
bastante bien y era un lugar para visitar la cercana Nesebar y la reserva de
aves Poda.
 
Por la noche vimos un poco la vida nocturna de la ciudad, la gente cenaba en las
Mejanas, que son las tabernas tradicionales de estilo rustico, todo madera y
piedra y bonita decoración de herramientas tradicional. Los manteles y
servilletas de tejidos tradicionales, vamos, como el restaurante El fuelle de
Zaragoza, pero con muchísimo mas encanto.

Allí te preparan todo estilo de
comidas, con una pinta buenísima, te lo comerías todo. Pero su especialidad son
los asados. La gente se reúne en grupos y se dan auténticos festines. En todas
las que hemos estado hay un pequeño grupo de músicos que toca temas de todo
tipo, desde populares hasta temas de Eric Clapton o Joe Cocker. Joder no me extraña
que les guste tanto, se esta de maravilla. Allí conocimos a unas chicas que
hablaban italiano y ya nos unimos a su mesa. Y salimos un poquito tocados del
ala, pues nos enseñaron lo que se bebe en Bulgaria, la raquia, una especie de
orujo que se acompaña con un yogur muy liquido. No es que sea mi bebida
favorita, pero vaya, ahora entiendo como combaten el frío. Luego bailan todos
juntos y parece ser que se lo pasan estupendamente.
 
Burgas esta rodeada de 4 grandes lagos, alguno marino y los otros de agua
dulce, y sus 9500 hectáreas de lagos la convierten en el mayor humedal de
Bulgaria. Eso implica que tiene muchísimas especies de aves como pelícanos
blancos, pelícanos dalmatianos, espátulas, avocetas, garzas, etc… Hasta un
total de 255 especies de aves. Y visitar esa reserva era uno de nuestros
objetivos.

Pero primeramente fuimos a la
cercana ciudad de Nesebar, situada a 37 kms. al norte de Burgas y declarada
Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Lo que originariamente era una pequeña
isla rocosa, hoy ha sido unida por un espigón con carretera a la ciudad nueva
que esta en tierra firme.

 En esta pequeña isla los griegos fundaron una
ciudad llamada Membresía en el ano 580 A.C. Después, debido a las hostilidades
de la cercana Apollonia (hoy Sozopol) decidió dejarse invadir por los romanos
que parece ser eran mejores invasores que los Apolonios. Mas tarde formo parte
de Bizancio, luego fue invadida por los Bulgaros, y mas tarde todavía por los
Turcos. Finalmente dejo de ser un puerto obligado en la ruta comercial del mar
Negro debido a la competencia de ciudades como Burgas y Varna. Hoy vive prácticamente
del turismo.

Es un bonito pueblo con casas muy
pintorescas de madera oscura como el chocolate y grandes aleros que prácticamente
se tocan unos con otros. Las calles empedradas y los túneles de vegetación
terminan de ambientar esta villa. Entre sus calles encontramos restos romanos y
griegos, pero lo que realmente la hace destacar son los restos de las mas de 80
iglesias bizantinas que llego a tener en su momento de mayor esplendor. Estas
iglesias de roca muy clara, con arcos y líneas de ladrillo caravista rojo y
cenefas de discos cerámicos verdes son su verdadero tesoro. La verdad es que es
una visión muy bonita encontrártelas cuando sales de las estrechas calles de
madera, dominando las plazoletas. Puedes pasear alrededor de la costa de esta
isla y en apenas una hora habrás rodeado la isla. El Mar Negro estaba bastante
picado y potentes olas rompían contra el espigón rocoso que bordea prácticamente
toda la isla. Por fin hacia sol y aunque soplaba el viento se estaba muy bien. Allí
pasamos el día enterito.
La costa del Mar Negro esta en plena expansión urbanística, lo que paso en todo
el litoral mediterráneo español esta ocurriendo ahora en Bulgaria. Los precios
sin competencia del país atraen a hordas de turistas, la mayoría alemanes, y
eso se traduce en mas hoteles y apartamentos, pero es que con los precios del país
muchos turistas se han lanzado a comprar una segunda vivienda, o casa de
vacaciones en esta costa, y eso esta produciendo la rápida destrucción de
lugares hasta no hace mucho vírgenes. Si es que hasta mi me dan ganas de
comprarme una casa cuando veo los precios en las inmobiliarias. No se, no se, tendré
que pensar en ello, si me la dieran a esos precios y me la llevaran a
Zaragoza…. ja,ja,ja…

Pero ahora la temporada baja ha
llegado a la costa, y la bulliciosa Nesebar esta ahora en plena hibernación.
Ventanas cerradas, comercios, hoteles y restaurantes cerrados. De los que solo
sabes de su existencia por sus carteles anunciadores que rompen la estética de
las casitas de madera. Apenas unos pocos comercios mantienen sus puertas
abiertas para el puñado de turistas que aun llegamos, pero pronto cerraran.
Ahora el turismo masivo se traslada a las montanas, donde empieza la temporada
de esquí. Es el otro polo de expansión inmobiliaria, muchísimos turistas están
comprando casas en los pueblos cercanos a las cada día mas abundantes
estaciones de esquí. Aquí puedes comprar una casa de montaña con terreno por
apenas 10.000 euros. De ahí para arriba claro. Y el turismo agresivo vuelve a
invadirlo todo. Eso crea un gran conflicto en las gentes del país, los
conservacionistas se echan las manos a la cabeza, pero don dinero manda y de
momento nada parece hacer creer que esto vaya a parar. Una pena, es la gallina
de los huevos de oro.

 
Hoy estuvimos en la reserva de aves Poda. Apenas a las afueras de la ciudad
encuentras los lagos, grandes extensiones de agua salobre invadidas en todo su perímetro
por carrizales. Hemos visto multitud de cormoranes, cisnes, ánades, garzas y
aves cantoras. Pero los pelícanos se han hecho de rogar, hasta que prácticamente
no nos íbamos a ir no han aparecido. Se ve que debían estar pescando en el mar
y alguno con la tripa llena ha vuelto a los lagos para descansar. Apenas hemos
visto 7 pero ha valido la pena la excursión. Poder salir de la ciudad y volver
en autobús urbano para sumergirte en un humedal de esta envergadura no tiene
precio.

La tarde la hemos pasado en la
playa urbana de Burgas, que aunque no tiene demasiado encanto, estaba llena de
gente paseando (con abrigos claro, no creáis que en bañador). Esta bordeada de
un extenso parque boscoso a lo largo de toda la costa. En el parque encontramos
kioscos de música, terrazas, monumentos, instalaciones deportivas, la verdad es
que lo tienen muy bien montado. Me imagino en verano, salir del tostadero de la
playa y apenas ahí al lado, penetrar en la sombra fresca de este
inmenso parque boscoso.
 
Bueno, mañana nos marchamos ya de la costa y volvemos al interior y a las
montanas, a la ciudad de Plovdiv, la segunda ciudad del país.

 

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