La ciudad embrujada


LA CIUDAD EMBRUJADA

 

La noche ya se ha adueñado de Dublín, espíritus y aparecidos pueblan las calles y criptas dublinesas; damas vestidas de blanco flotando por los pasillos de las casas señoriales; perros negros, fantasmas embrujando los suburbios de Dublín; ladrones de cadáveres en el cementerio de Saint Kevin. Y… también la lluvia quiere estar presente, ¡cómo no!, esto es la húmeda y verde Irlanda. Ya no es hora de echarme a la calle, y decido dar un descanso a mis traqueteados huesos. Mañana comenzaré mi incursión a la “Ciudad embrujada”, a la cuna natal de Bram Stoker, autor del famoso libro sobre Drácula (sangre maligna), al Dublín de James Joice, responsable del libro Ulises, sin duda un ídolo para los dublineses. Sin olvidarnos de que  en esta ciudad se inventó, y se comenzó a fabricar la cerveza Guinness, un líquido negro que ha dado fama y mucho dinero a algunos ciudadanos.

            Llueve a ráfagas, el agua va a acompañada de algo de viento en este Primero de Mayo en la capital de un país católico hasta la extenuación, y claro… conservador en sus costumbres sociales. La urbe no es demasiado grande, es accesible y puedo encaminarme, encaramarme a ella sin derrochar demasiados esfuerzos por estas calles empedradas y oscuras. La famosa catedral de San Patricio, patrono de Irlanda me deslumbra, construida en el siglo XIII. Existen muchas más iglesias, en casi todas se debe abonar un elevado precio para acceder a ellas. El Trinity College, la universidad más antigua de Irlanda. El castillo de Dublín, en el mismo centro de la ciudad. El Phoenix Park, el parque más grande de Europa, los ciclistas recorren el lugar cubierto de musgo ignorando a la eterna llovizna. Solo cito los lugares más emblemáticos, casi todos situados muy cerca del río Liffey, atravesado por numerosos puentes de estilos arquitectónicos muy diferentes entre sí.

            Este país, como su  “hermana” Inglaterra no se caracteriza por su buena comida, así que algo resignado me alimento del fast food: sándwiches pringosos, y fish and chips; pero no será por mucho tiempo, puedo sobrellevarlo. Observo que los precios son algo más elevados que en España. El transporte público es bueno y abundante.

Como decía Paúl Theroux, el gran escritor de viajes, autor de la “Costa de los mosquitos” y el “Gran bazar del ferrocarril”, me interesa más la arquitectura humana que los monumentos y edificios, pero debe quedar claro que no les resto importancia. Así que observo con descaro a los ciudadanos de Dublín y sus costumbres cotidianas. Volviendo a la arquitectura urbana, tengo que decir que las calles, lo mismo sucede en Londres, están construidas con una ligera curva, casi nunca rectas. Sus casas de ladrillo rojo cara a la vista, al igual que sus puertas, ventanas y tejados, calcados a las inglesas. Los nombres de las calles estás rotuladas en inglés y gaélico, el idioma irlandés. Los símbolos celtas, como su música están presentes en numerosos lugares de la ciudad. Respecto al hotel debo decir que he tenido suerte, es céntrico y tranquilo, aunque pasa un tren por encima. Me libro así del encadenamiento que supone depender de incómodos y largos trayectos en autobús y metro.

Las casi dos pintas de cerveza que he bebido en la fábrica Guinness hace que tenga que visitar el WC a menudo para miccionar. Me resulta desagradable ver como un gran número de turistas se dedican con pasión y entrega al shopping, alcanzan a comprar los objetos más extraños e inservibles. Se lo ponen fácil.

Después de una relajante inmersión en la bañera de mi habitación hotelera, me introduje entre mis sábanas blancas todavía temprano, envuelto en una nube de romanticismo, melancolía y literatura. Eso hace que me despierte a una hora todavía joven, en la cama me dedico a completar las páginas de mi diario de viajes. Hay algo que debo anotar… junto a mí, en el avión se sentaba un joven irlandés, este iba persignándose continuamente… al despegar, en las turbulencias, al aterrizar… Me hubiera gustado decirle que ese ritual no podría servir de mucho tal como lo realizaba, tan artificial y mecánico.

Una buena cosa de hacerse mayor es que te vuelves invisible. Ya nadie te viene a preguntar, a vender algo o a seducirte. Esto supone una gran ventaja para poder pasar desapercibido, inadvertido, y observar y observar, apuntar sin reparar en que alguien te mira, te vigila. Estás invisible.

He dormido mucho…así que madrugo. Después de un abundante desayuno salado, no encuentro nada dulce, así son los anglosajones, me dirijo a la estación ferroviaria para tomar un tren con destino final Belfast (Irlanda del Norte), pero esa no es mi meta, no dispongo de mucho tiempo; me quedaré en la costa para visitar algunos pueblos. Desciendo de mi vagón en Malahide, en esta pequeña localidad existe un cuidado castillo, pero lo que más me sorprende es la extensísima zona verde que lo rodea, impenetrables zonas boscosas y kilométricas praderas verdes muy cuidadas, donde practican críquet, rugby y golf. El pueblo no tiene demasiado interés, lo más destacable… un puerto natural con centenares de pequeños yates. Tomo una senda que discurre paralela a la costa atravesando rocas, dunas y extensas playas, cuando sube la marea, al atardecer se cubre todo de agua, este fenómeno es muy fuerte por estas latitudes. Camino durante más de ocho kilómetros, a mi derecha veo con insistencia pequeñas urbanizaciones, me parecen segundas residencias para el descanso de los dublineses.

Entre nubes y pequeñas ráfagas de sol alcanzo otra estación de ferrocarril, en veinte minutos estoy subido a otro tren que me devuelve a Dublín. Al salir de la estación… toda una explosión de color se produce ante mis ojos, bufandas multicolores, ruido, hooligans, ¿un encuentro de fútbol?, no, de  rugby me contesta uno de ellos con una camiseta de color verde irlandés, se trata de la final de la copa del mundo. La tarde prometía. La ciudad no iba a respirar en unas horas, de eso ya se encargarían los miles de aficionados. Descanso un par de horas y sin tardar me presento a paso rápido en el Temple Bar, el barrio más antiguo de Dublín, convertido en una de las máximas atracciones de la ciudad con numerosos restaurantes y pubs dedicados a la música rock y country, The Cranberries, U2, y The Corrs, grupos dublineses, son los más solicitados. También es una zona cultural. La animación es desbordante, grupos tocando toda clase de instrumentos, clientes bebiendo ríos de cerveza entre los originales decorados de los pubs. Ha acabado el partido de rugby y una marea roja (el color de la camiseta local), baja alegre por una avenida principal en dirección al río y al Temple Bar, todo se va colapsando, en los locales ya no cabe nadie, los gritos, los cánticos apagan los sonidos de los músicos callejeros. Todo se pone imposible, unas horas más tarde… cuando la cerveza invada la sangre de estos irlandeses de carrillos rojos y cabellos cortos aparecerá la violencia y los malos modos. Opto por retirarme a zonas más tranquilas. Me dispongo a cenar en un restaurante malayo, sopa arroz y carne… nada extraordinario, pero consigo apagar mi hambre. Comienza a llover, este es el estado natural de Irlanda.

Otra vez desayuno salado, ¡como echo en falta un simple café con unos azucarados churros! Caminando sin rumbo me encuentro con unos jardines, algún estanque y un gran monumento de piedra en memoria de las víctimas irlandesas muertas, asesinadas en la guerra civil contra los ingleses y su cruel ocupación del país. Es curioso, veo como sujetan carteles en las farolas con candidatos del Sinn Féin, los herederos del IRA, al Parlamento Europeo, elecciones que se van a celebrar en unas semanas en toda Europa.

Es domingo, todavía temprano, pero ya se ven feligreses en busca de una iglesia, no lo tienen difícil, hay muchas para poder celebrar sus rituales religiosos. En unas horas me encaminaré hacia el aeropuerto, ya regreso a mi país. Deseo lo mejor para este pueblo luchador. Un país maduro y adolescente que culminó sus sueños independentistas.

Por Juan José Maicas

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s