Crónicas de Tailandia 9: Nunca sabes lo que traerá el nuevo día‏


Crónicas de Tailandia 9: Nunca sabes lo que traerá el nuevo día‏

 

El tiempo no parece mejorar. Se pasa el día nublado aunque la temperatura es muy buena. La humedad relativa del aire debe rondar el 90%, lo que te mantiene constantemente sudando al mínimo esfuerzo que hagas. A diferencia del norte, cuando lavabas algo o tendías la toalla en un par de horas estaba seca. Pero aquí es distinto, no se secan las cosas en todo el día. Claro, así esta todo de verde. Esto es un inmenso jardín donde las plantas compiten en ver quien se hace más grande. Los árboles son inmensos, con enormes troncos y muchos con raíces aéreas para equilibrar mejor todo su peso. En el jardín del hotelito donde estamos, entre los bungalows hay varios árboles que levantan el suelo de hormigón con sus fuertes raíces. Sus troncos están ocultos por las hojas de casi medio metro de longitud de una especie de potos trepadores. La vegetación aquí es a lo grande.
     Unos ratos cae una fina lluvia, luego para, a continuación viene una especie de chirimiri para luego caer un chaparrón. Parece ser que se puede pasar así unos cuantos días, luego luce el sol unos pocos días para volver a empezar con el ciclo de lluvias. Así es el monzón del nordeste. Habrá que armarse de paciencia.

 
     Como ya os dije, la gente aquí es bastante distinta. Ayer parecía que hubiera vuelto a Indonesia. A diferencia del norte donde predomina claramente la religión budista, aquí en el sur son prácticamente todos musulmanes. Las mujeres y niñas cubren su pelo y hombros con la toga típica de Indonesia. Ayer era lunes y empezaba de nuevo el colegio, y las calles fueron invadidas por niños uniformados en busca de las pick-up que recorren la ciudad para trasladarlos a sus respectivas coles. El uniforme suele estar compuesto por una camisa blanca y falda o pantalón color azul marino. Las chicas musulmanas además llevan el tocado que os comentado antes cubriendo su cabeza. Hay bastantes mezquitas desperdigadas por la ciudad, con cúpulas al estilo ortodoxo ruso.

 
    Volvemos a Ao Nang a pasar el día. Railay lo dejaremos para otro día en que el tiempo mejore. La verdad es que el día prometía ser un poco insulso, pero no fue así.

    Llegamos a la playa que tanto nos había gustado el día anterior. Pero esta vez caminamos hasta el extremo opuesto, pues allí hay unos altos paredones que caen a pico al mar y creemos que puede ser un buen sitio para andar. Por el camino, en vez de los cangrejillos del día anterior, vemos colonias de cangrejos violinistas, con una pinza exageradamente desarrollada para su tamaño, una pinza que agitan constantemente y con la que parece que se estén saludando los unos a los otros. Supongo que tendrá una función de comunicación y de atributo sexual.
     Al final de la playa, un farallón rocoso cubierto de jungla se interpone entre nosotros y las paredes a las que queremos llegar. Un pequeño río pasa por allí y desemboca en el mar. Vemos que hay gente por allí haciendo fotos. Algo debe haber. Cual es nuestra sorpresa al ver que un gran grupo de monos deambula por allí. Son una especie de pequeños macacos. Debe haber un total de unos 80 o 90. Han bajado de la selva y vienen a la playa a jugar, a beber al río y por supuesto, han aprendido que los humanos les dan comida. Es sorprendente la extraña relación que se ha formado entre hombre y monos. La gente esta encantada con este espectáculo. Nosotros también, claro.

     Hay grandes machos, ejemplares jóvenes y hembras con pequeñas crías en sus regazos. No son nada tímidos. Si te acercas mucho se van. Pero si son ellos los que toman la iniciativa se te acercan todo lo que quieren. Tanto que hasta se te llegan a subir por encima. A Javi se le subió uno y estuvo jugueteando con el. Abrazándole y mordisqueándole y curioseando entre su ropa y su mochila, a ver si encontraba algo de comida.
     Luego apareció un pequeño perro por allí y empezaron a perseguirlo. Era una especie de juego, se les veía contentos pero a veces el perro escapaba como podía pues le debía impresionar eso de tener a 12 o 15 monos persiguiéndole constantemente. Fue un espectáculo de lo más curioso. Y muy bonito de ver. Todo el mundo que estábamos allí no podíamos disimular nuestras sonrisas de sorpresa y felicidad. Monos, playa, jungla, río, todo allí juntito, que extraña mezcla.

 
    Seguimos adelante y atravesamos la jungla de bambúes y altos árboles. Hay un sendero de travesaños de madera para cruzar. Y llegas a la siguiente playa. Pero nuestra sorpresa llega cuando para entrar en la playa vemos que hay una garita con guardias. Te apuntan el nombre y a la hora que entras. Resulta que en esa magnifica playa hay un resort de bungalows de lujo. Y te dejan entrar a la playa pero no al complejo. Hay muchos guaridas en las entradas del complejo, que por cierto es precioso. Los bungalows se ven de lujo y construidos con muy buen gusto. Pero lo realmente sorprendente es donde están. La playita esta encerrada entre gigantes paredones calizos de una gran belleza. Sus formas de láminas de roca se superponen y la vegetación se abre paso como puede entre las altas paredes. El sitio es magnifico. Dormir aquí debe costar todo un pastón.
     Frente a nosotros, lo que desde la distancia parecía ser una pared continua, resulta ser además de las paredes una serie de rocas y grandes islotes en el mar. Hay uno realmente espectacular. Totalmente vertical y con forma de puro. Muy alto, no se como se puede mantener de pie. Es allí donde vamos a probar suerte con el buceo. Esta a unos 300 metros de la playa, tendremos que nadar un poco pero vale la pena ir hasta allí. Además el mar se ve muy tranquilo, casi una balsa de aceite y no será un problema llegar.

    Al entrar en el agua y acercarte mas a las paredes vemos las autenticas formas que tienen. Es un sitio muy especial. Grandes formaciones rocosas erosionadas caprichosamente por el agua han creado formas que recuerdan a grandes seres antediluvianos. Cabezas, cuernos, extraños cuerpos aparecen ante la imaginación. Las paredes no son lisas, la caliza ha sido trabajada por los fenómenos karsticos. Ha vaciado la pared creando grandes oquedades, pero la caliza disuelta no ha desaparecido, se ha depositado formando gigantescas estalactitas al aire libre. El hueco que quedo en la pared ha sido rellenado por estas enormes formaciones de retorcidas y amorfas estalactitas y columnas. Es una pasada. Un paisaje muy, muy extraño. Parece sacado de una película tipo el Planeta de los Simios o algo así. Te ves transportado a otro mundo, a un mundo primitivo de extraños seres y de gran actividad geológica. Me encanta este lugar.

    Cuando llegamos a la base de la isla torre nos percatamos de la autentica dimensión de este monolito rocoso. Es tremendo y en su base el mar se ha comido una parte, creando grandes viseras y oquedades. Hemos acertado, a sus pies, bajo el agua. Hay un pequeño arrecife coralino. No es muy espectacular porque además no ser muy grande, como el día esta cubierto el color queda apaciguada. Además yo creo por el aspecto que tiene, que debió ser dañado por el tsunami del 2004 y el coral que hay es bastante joven. Algunos ejemplares resistieron, hay algunos del tipo cerebriforme bastante grandes, de unos 2 metros de diámetro. Otros en forma de copa también parece que resistieron, otros son planos y se aferran a las rocas, con sus millones de alvéolos de colores filtrando el agua. También vemos los de forma de cuerno de ciervo, con sus puntas azules y amoratadas. No hay grandes peces, pero si que vemos muchos peces payaso (para los que no sepáis cuales son, es el Nemo), viviendo en las anémonas moradas, que color debe tener esto a pleno sol. Los peces payasos son muy territoriales y si te acercas un poco salen disparados de la anémona hacia ti. Uno incluso llego a impactarme contra las gafas de buceo.
    También estuve persiguiendo a una gran sepia que cambiaba de colores para intentar confundirme, llego a pararse y amenazarme con sus tentáculos y cambios de colores. Pero al final la agobie y me lanzo un gran chorro de tinta que formo una nube negra de unos 2 metros de diámetro. Y consiguió su objetivo, la perdí de vista.
 
    En fin, que ha sido una bonita escapada. Eso si, acabamos reventados de tanto nadar. Pero valió la pena, lo que iba a ser un día insulso resulto ser un día muy especial.  Nunca sabes lo que traerá el nuevo día.

 

Chema Serrano Montero

 

 

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